3º, Historia/Profesora Noelia Preza
Curso “Historia Contemporánea desde 1850 a nuestros días”. 1er Eje temporal: 1850-1930. Unidad nº1: Historia Universal (una mirada mundial desde las consecuencias de la doble revolución de la burguesía a la primera
crisis internacional del capitalismo)
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a) El liberalismo económico
“Cada individuo intenta encontrar el
medio más adecuado para invertir el capital del que puede disponer. Lo que, sin
ningún tipo de duda, se propone todo el mundo, es su propio interés (…) Cada
individuo en particular pone todo su cuidado en buscar el medio más oportuno de
emplear con mayor ventaja el capital de que puede disponer. Lo que desde luego
se propone es su propio interés, no el de la sociedad en común: pero estos
mismos esfuerzos hacia su propia ventaja le inclinan a preferir, sin
premeditación suya, el empleo más útil a la sociedad como tal (…)
Todo hombre, siempre que no
viole las leyes de la justicia, tiene que ser perfectamente libre para elegir
el medio que le parezca mejor para conseguir el ideal de vida que quiere y sus
intereses. Los productos que crea tienen que poder salir a competir con los de
cualquier otro individuo del género humano (…)
Según el sistema de la libertad
de negocio, el soberano sólo tiene tres obligaciones principales por las cuales
se debe preocupar: la primera es la de proteger a la sociedad de la violencia y
de la invasión por parte de otras sociedades independientes; la segunda,
proteger de la injusticia y de la opresión a un miembro de la República ante
cualquier otro que también sea ciudadano, y establecer una justicia exacta entre
sus pueblos; y la tercera, crear y mantener ciertas obras y establecimientos
públicos, no para el interés de un particular, o de unos cuantos, sino que
tiene que ser en interés de toda la sociedad; y aunque las utilidades
recompensen sobradamente los gastos del organismo general de la nación, no
llegarían a satisfacer nunca esta recompensa si las hubiera hecho un
particular”.
ADAM SMITH (economista): “La riqueza de las naciones”, 1776
Actividad
nº1:
·
Anota en tu cuaderno de acuerdo a lo que has leído en el texto las
ideas o conceptos que reflejan las principales características de la doctrina
económica liberal abordada en clase.
·
Elije dos de esas ideas y explícalas con tus palabras (¿a qué
hacen referencia, qué quieren decir?)
b) Los principios del marxismo
“Nuestra época, la época de la burguesía, se
caracteriza por haber simplificado el antagonismo de clase. Hoy, toda la
sociedad tiende a separarse, cada vez más abiertamente, en dos grandes campos
enemigos, en dos grandes clases antagónicas: la burguesía y el proletariado (…) El proletariado recorre diversas etapas antes de fortificarse y consolidarse.
Pero su lucha contra la burguesía data del instante mismo de su existencia. Al principio son obreros aislados;
luego, los de una fábrica; luego, los de todas una rama de trabajo, los que se
enfrentan, en una localidad, con el burgués que personalmente los
explota. Sus ataques no van sólo contra el régimen burgués de producción,
van también contra los propios instrumentos de la producción; los obreros,
sublevados, destruyen las mercancías ajenas que les hacen la competencia,
destrozan las máquinas, pegan fuego a las fábricas (…)
El trabajo asalariado descansa exclusivamente sobre la competencia de
los obreros entre sí. Los progresos de la industria (...) imponen, en vez del
aislamiento de los obreros por la competencia, su unión revolucionaria por la organización.
Y así, al desarrollarse la gran industria, la burguesía ve tambalearse bajo sus
pies las bases sobre las que produce y se apropia lo producido. Produce, ante
todo, sus propios enterradores. Su caída y el triunfo del proletariado son
igualmente inevitables (…)
Los
comunistas (…) Proclaman abiertamente que sus objetivos tan sólo se pueden
alcanzar mediante el derrocamiento violento de todo el orden social
preexistente. Que las clases dominantes tiemblen ante una revolución comunista.
Los proletarios nada tienen que perder en ella, salvo sus cadenas. Y tienen un
mundo que ganar. ¡Proletarios de todos los países, uníos!”.
CARLOS MARX Y FEDERICO ENGELS (intelectuales comunistas): “Manifiesto
Comunista”, 1848
Actividad nº 2:
·
Explica con tus palabras: que
opinión se da del sistema económico vigente en ese momento y cuál es la
propuesta para cambiarlo.
c) La Encíclica Rerum Novarum
“Despertado el prurito revolucionario que desde hace
ya tiempo agita a los pueblos, era de esperar que el afán de cambiarlo todo
llegara un día a derramarse desde el campo de la política al terreno, con él
colindante, de la economía. En efecto, los adelantos de la industria (…) el
cambio operado en las relaciones mutuas entre patronos y obreros; la
acumulación de las riquezas en manos de unos pocos y la pobreza de la inmensa
mayoría; la mayor confianza de los obreros en sí mismos y la más estrecha
cohesión entre ellos, juntamente con la relajación de la moral, han determinado
el planteamiento de la contienda (…)
Es difícil realmente determinar los derechos y deberes
dentro de los cuales hayan de mantenerse los ricos y los proletarios, los que
aportan el capital y los que ponen el trabajo. (…) . Sea de ello, sin embargo,
lo que quiera, vemos claramente, cosa en que todos convienen, que es urgente
proveer de la manera oportuna al bien de las gentes de condición humilde, pues
es mayoría la que se debate indecorosamente en una situación miserable y
calamitosa, ya que, disueltos en el pasado siglo los antiguos gremios de artesanos,
sin ningún apoyo que viniera a llenar su vacío, desentendiéndose las
instituciones públicas (…) el tiempo fue insensiblemente entregando a los
obreros, aislados e indefensos, a la inhumanidad de los empresarios y a la
desenfrenada codicia de los competidores. Hizo aumentar el mal la voraz usura,
que, reiteradamente condenada por la autoridad de la Iglesia, es practicada, no
obstante, por hombres codiciosos y avaros bajo una apariencia distinta. Añádase
a esto que no sólo la contratación del trabajo, sino también las relaciones
comerciales de toda índole, se hallan sometidas al poder de unos pocos, hasta
el punto de que un número sumamente reducido de opulentos y adinerados ha
impuesto poco menos que el yugo de la esclavitud a una muchedumbre infinita de
proletarios.
Para solucionar este mal, los socialistas, atizando el
odio de los indigentes contra los ricos, tratan de acabar con la propiedad
privada de los bienes, estimando mejor que, en su lugar, todos los bienes sean
comunes y administrados por las personas que rigen el municipio o gobiernan la
nación. Creen que con este traslado de los bienes de los particulares a la
comunidad, distribuyendo por igual las riquezas y el bienestar entre todos los
ciudadanos, se podría curar el mal presente. Pero esta medida es tan inadecuada
para resolver la contienda, que incluso llega a perjudicar a las propias clases
obreras; y es, además, sumamente injusta, pues ejerce violencia contra los
legítimos poseedores, altera la misión de la república y agita fundamentalmente
a las naciones (…)
Confiadamente
y con pleno derecho nuestro, atacamos la cuestión, por cuanto se trata de un
problema cuya solución aceptable sería verdaderamente nula si no se buscara
bajo los auspicios de la religión y de la Iglesia.(…) Sin duda que esta grave
cuestión pide también la contribución y el esfuerzo de los demás; queremos
decir de los gobernantes, de los señores y ricos, y, finalmente, de los mismos
por quienes se lucha, de los proletarios; pero afirmamos, sin temor a
equivocarnos, que serán inútiles y vanos los intentos de los hombres si se da
de lado a la Iglesia. En efecto, es la Iglesia la que saca del Evangelio las
enseñanzas en virtud de las cuales se puede resolver por completo el conflicto,
o, limando sus asperezas, hacerlo más soportable; ella es la que trata no sólo
de instruir la inteligencia, sino también de encauzar la vida y las costumbres
de cada uno con sus preceptos; ella la que mejora la situación de los
proletarios con muchas utilísimas instituciones (…)
Ahora bien: para acabar con la lucha y cortar hasta
sus mismas raíces, es admirable y varia la fuerza de las doctrinas cristianas.
En primer lugar, toda la doctrina de la religión cristiana, de la cual es
intérprete y custodio la Iglesia, puede grandemente arreglar entre sí y unir a
los ricos con los proletarios, es decir, llamando a ambas clases al
cumplimiento de sus deberes respectivos y, ante todo, a los deberes de
justicia. De esos deberes, los que corresponden a los proletarios y obreros
son: cumplir íntegra y fielmente lo que por propia libertad y con arreglo a
justicia se haya estipulado sobre el trabajo; no dañar en modo alguno al
capital; no ofender a la persona de los patronos; abstenerse de toda violencia
al defender sus derechos y no promover sediciones(…)
Los deberes de los ricos y patronos: no considerar a
los obreros como esclavos; respetar en ellos, como es justo, la dignidad de la
persona, sobre todo ennoblecida por lo que se llama el carácter cristiano. Que
los trabajos remunerados, si se atiende a la naturaleza y a la filosofa
cristiana, no son vergonzosos para el hombre, sino de mucha honra, en cuanto
dan honesta posibilidad de ganarse la vida. Que lo realmente vergonzoso e
inhumano es abusar de los hombres como de cosas de lucro y no estimarlos en más
que cuanto sus nervios y músculos pueden dar de sí. E igualmente se manda que
se tengan en cuenta las exigencias de la religión y los bienes de las almas de
los proletarios. Por lo cual es obligación de los patronos disponer que el
obrero tenga un espacio de tiempo idóneo para atender a la piedad, no exponer
al hombre a los halagos de la corrupción y a las ocasiones de pecar y no
apartarlo en modo alguno de sus atenciones domésticas y de la afición al
ahorro. Tampoco debe imponérseles más trabajo del que puedan soportar sus
fuerzas, ni de una clase que no esté conforme con su edad y su sexo. Pero entre
los primordiales deberes de los patronos se destaca el de dar a cada uno lo que
sea justo.
Cierto es que para establecer la medida del salario con
justicia hay que considerar muchas razones; pero, generalmente, tengan presente
los ricos y los patronos que oprimir para su lucro a los necesitados y a los
desvalidos y buscar su ganancia en la pobreza ajena no lo permiten ni las leyes
divinas ni las humanas. Y defraudar a alguien en el salario debido es un gran
crimen, que llama a voces las iras vengadoras del cielo. (…) Por último, han de
evitar cuidadosamente los ricos perjudicar en lo más mínimo los intereses de
los proletarios ni con violencias, ni con engaños, ni con artilugios usurarios;
tanto más cuanto que no están suficientemente preparados contra la injusticia y
el atropello, y, por eso mismo, mientras más débil sea su economía, tanto más
debe considerarse sagrada.
¿No
bastaría por sí solo el sometimiento a estas leyes para atenuar la violencia y
los motivos de discordía? Pero la Iglesia, con Cristo por maestro y guía,
persigue una meta más alta: o sea, preceptuando algo más perfecto, trata de
unir una clase con la otra por la aproximación y la amistad (…)
Finalmente,
la Iglesia no considera bastante con indicar el camino para llegar a la
curación, sino que aplica ella misma por su mano la medicina, pues que está
dedicada por entero a instruir y enseñar a los hombres su doctrina, cuyos
saludables raudales procura que se extiendan, con la mayor amplitud posible,
por la obra de los obispos y del clero (…) es la Iglesia la única que tiene
verdadero poder, ya que los instrumentos de que se sirve para mover los ánimos
le fueron dados por Jesucristo y tienen en sí eficacia infundida por Dios.
Ya que la ansiada solución se ha de esperar
principalmente de una gran efusión de la caridad, de la caridad cristiana
entendemos, que compendia en sí toda la ley del Evangelio, y que, dispuesta en
todo momento a entregarse por el bien de los demás, es el antídoto más seguro
contra la insolvencia y el egoísmo del mundo, y cuyos rasgos y grados divinos
expresó el apóstol San Pablo en estas palabras: «La caridad es paciente, es
benigna, no se aferra a lo que es suyo; lo sufre todo, lo soporta todo»”
LEÓN XIII (Sumo Pontífice) “Carta Encíclica Rerum
Novarum. Sobre la situación de los obreros”,
1891
Actividad nº 3:
·
Subraya con un color las críticas
que se realiza a las consecuencias sociales del liberalismo económico para los
trabajadores.
·
Subraya con otro color los
caminos o soluciones que se proponen para el cambio de esa realidad.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarVayan leyendo la ficha en la que cual estaremos trabajando. En clase se propondran los ejercicios. Cuando no los hayan terminando en horario de clase, deben entregarlo la próxima.
ResponderEliminarBuena semana.
Saludos, Noelia